Me miraste a los ojos, penetrando,
en lo más profundo de mi alma.
El cristal azul de tus pupilas,
me mostraba, mi imagen reflejada.
Me miraste y pediste temblorosa
que un te amo, saliera de mis labios,
pero ellos ya no tienen más palabras
pues los golpes de la vida los han cerrado.
Me miraste y tu pelo se erizaba,
y una gota redonda en tu pupila que brotó,
de un corazón roto y cayó recorriendo tu mejilla.
Me miraste y tu rostro empapadome exigía una palabra,
una respuesta, y mentí diciéndote te amo
por ganar de tu cara una sonrisa.
